Acetileno: del gas de alumbrado al nanotubo
A finales del siglo pasado, el acetileno gozaba de gran popularidad como fuente de luz, así como para la calefacción y cocina. Pero entonces comenzó el triunfo de la electricidad y el acetileno dejó de ser necesario para la iluminación.
Hoy en día, desempeña un papel importante, sobre todo en la fabricación de semiconductores plásticos para la microelectrónica y la nanotecnología. El acetileno es el gas combustible con la temperatura de llama más alta y el menor consumo de oxígeno. Por ello, es especialmente adecuado para la soldadura y el corte autógenos. Sin embargo, en determinadas condiciones, el gas tiende a descomponerse de forma explosiva en sus componentes, carbono e hidrógeno, lo que se denomina autodecomposición. Por ello, las botellas de acero para acetileno se llenan con una masa altamente porosa que absorbe un disolvente como la acetona, en el que el gas se disuelve de forma segura.
Por cierto, la denominación científica correcta es etino. Bajo este nombre, el gas se utiliza, por ejemplo, en la industria química en procesos de síntesis para la fabricación de plásticos.