En el corazón de la tormenta
Cuando se trata de la investigación meteorológica en tres dimensiones, los satélites, aviones y drones no pueden competir con un simple globo lleno de gas. Durante su lento ascenso, este transporta los instrumentos de medición hasta una altura de 30 kilómetros. Al hacerlo, recopila datos con un nivel de detalle que no se puede alcanzar con otros medios de transporte.
Un globo meteorológico es muy similar a un globo normal. Su envoltura es de goma, se llena de hidrógeno o helio y el gas ligero lo eleva. Sin embargo, es algo más grande que los juguetes habituales para niños y asciende mucho más alto, concretamente hasta la estratosfera. Debido a la disminución de la presión atmosférica, se expande cada vez más y finalmente explota a una altura de entre 20 y 30 kilómetros sobre la superficie terrestre. La cesta con los instrumentos cuelga de una cuerda larga para que no pueda entrar en la estela del globo. Durante el ascenso, los instrumentos miden la presión atmosférica, la humedad del aire, la velocidad del viento y otros valores, y los transmiten por radio a la estación terrestre. Después de que el globo explote, la cesta cae a la tierra, frenada por un paracaídas.
El objetivo principal de las mediciones mediante globo es proporcionar nuevos conocimientos sobre la formación de frentes tormentosos e investigar los procesos que tienen lugar dentro de las células tormentosas, que son la unidad más pequeña y completa que puede componer una tormenta.